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Notas para una obra muerta

octubre de 2021

 

 

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            ¿Qué hay allí?

 

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            He leído que en náutica llaman “obra muerta” a la parte del casco de un buque que se encuentra fuera del agua permanentemente (lo visible) y que se denomina “obra viva” a lo que está sumergido en las aguas, es decir lo invisible. Ignoro de dónde proceden tales figuras pero me comentan que guardan relación con las algas, moluscos y otros organismos que se adhieren al casco. Yo pienso que tal vez haya una similitud con alguna imagen externa relacionada con la vida y con la muerte. Llamar “muerto” a lo que queda al descubierto es una manera de decir que lo vivo transcurre oculto en otro elemento y que la vida y la muerte – habitáculo de materia seca que nos soporta – avanzan a la misma velocidad. Tal vez habría que concretar que nos referimos a la obra y no a lo vital y no sé por qué hablan así los marinos y los ingenieros navales, tampoco la razón de ser de la famosa e imprecisa línea a la que llaman “de flotación”, separación de ambos mundos ­(lo invisible y lo visible) y metáfora recurrente para muchos artistas que la han planteado desde diversos puntos de vista.

           

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            El Arte tiene la capacidad de hacer perdurar los mundos invisibles y si nos atenemos a lo expuesto, las obras son escenas muertas de un mundo muerto que nadie puede descubrir en lo vivo salvo cuando el navío (¿el yo?) se encuentra fuera del agua o se produce un hundimiento.

            No sé cuántos pintores han tratado explícitamente el tema de las obras muertas. Bonnard, por ejemplo, gracias al color, fue un maestro en ello. Tal vez Munch también, sobre todo en su autorretrato con reloj y cama.

 

3

            El trabajo no es mi vida. No asimilo el pintar a la respiración como manifiestan algunos artistas. No desarrollo una sola idea sino una pluralidad. El estudio, aunque se expanda a veces hacia otros terrenos, es mi zona laboral. Es cierto que cualquier objeto, pensamiento o mirada pueden ser gérmenes de una serie pero es en el estudio, en el taller, donde las cosas cobran forma y se discuten y se materializan o quedan en el olvido. Siempre existe un vínculo entre el pensar, el hacer y el sentir. Ahora no voy a improvisar como hice en la serie sobre papel hace poco tiempo. Voy a reticular las telas y a trabajar sobre ellas en composiciones de color, aplicando la pintura con un sentido de imperfección, tomando de la geometría el fundamento y de la condición presente su desarrollo.

 

4

            Ayer se necrosó una parte de mi y el resto quedó expectante ante lo que la soledad recién nacida comenzó a esbozar como recuerdo. La sucesión de los acontecimientos quedó interrumpida y a merced de la memoria, pasó de lo muerto a lo vivo, a lo invisible. Nada que ver con los grandes periodos de la edad como la infancia o la juventud que probablemente sigan activos de una manera o de otra en nuestro cotidiano y que han sido inspiración para muchos, incluso conformado el vivir y la relación con los demás. Lo que yo estoy viendo ahora, acostado en el sofá del salón de mi casa, son imágenes de lenta actividad y más ralentizado progreso que en la historia de cualquier vida forman momentos que el tiempo imprime en la retina de su transcurrir. De repente una de esas vidas desaparece, produciéndonos fervor o melancolía.

 

5

            Dudo y me pregunto si soy un todo, una acumulación del tiempo o un fragmento de una experiencia repetida de una existencia cualquiera, o tal vez una nueva circunstancia del ser, un epíteto, quizás una trágica y lamentable novedad del azar.

 

6

            Una obra muerta es, por ejemplo, aquella avenida de quioscos y terrazas que de niño recorría en busca de chapas y que alguna vez intenté dibujar. Una obra muerta avanza con nosotros, salpicada por la vida y nos enseña que esta es una escena cuyos indicios de movimiento son densos y opacos, desaparecida la visión en circunstancias de una importancia extrema.

 

7

            Hoy es un día en el que observo con tristeza. Ese lugar al que miro es común y ningún punto preciso atrae mi atención porque su naturaleza es cuestionada. Intento esclarecer algunas ideas, ámbitos, sin la más mínima seguridad en que terminen por figurarse en mi mente. Por ahora se endurece el pecho, como si me apretaran las costillas contra el corazón. Es una capa inerte que aún no se ha revelado, presiento, se oculta tras ella un tejido de deseo y de querer, pero las formas del querer pertenecen a la Humanidad, aunque ahí donde la mirada se busca sólo existan las cosas particulares. No sé entonces si podré, tan fijamente como me permita esa mirada que tantas veces has descrito al observarme, alcanzar a ver nuestro presente.

 

8

            Es pronto. Debería abstenerme de pasar tanto tiempo mirando hacia allí. Visualmente se podría decir que todo está desenfocado. Mentalmente están tu sonrisa y tu caminar, tus ojos tan hermosos que adquieren tintes nunca contemplados. Cada vez que nos veíamos me enseñabas que la realidad en la que voy decreciendo y dejando mundos de dudoso valor, hasta casi hacer de ellos algo inactivo, se llenaba de una esperanza que construía, desde las formas más íntimas, la necesidad de la expresión. Y aunque fuese una impostura – algunos lo sospechan – el dolor se apagaba.

 

9

            Estoy mirando aquello que contiene las referencias que nutren mi trabajo. No siento en estos momentos la necesidad de calificarme como artista. Soy pintor de intervención, de aplicación, de recursos formales. Tengo la impresión, ahora, de que cada tela que pinto es el movimiento de un mundo muerto. El Arte, como escribía Pessoa, en ese sentido, no nos pertenece, es abstracto de por sí.

 

10

            Hay ciertas constantes a lo largo de un trabajo artístico y, en mi caso, al margen del formato único – premisa fundamental en las series sobre tela – son lo textil en pintura y el sueño en lo textual. Después de más de treinta años esta es una conclusión válida. Desde un principio, salvo en contadas excepciones, no quise ocultar las fibras de la tela, manteniendo a la vista la cualidad del soporte. Esto no ha sido una condición sino más bien una necesidad a tener en cuenta. He sentido, además, el impulso de nutrirme del motivo en numerosas ocasiones.

 

11

            Siento tu trama, tu ser y tu caos, lo que debería bastar para seguir muriendo.